Los objetos, como soportes artísticos, marcan una transición en el arte por el paso de la representación a la presentación de la realidad. El lienzo, el papel o la tabla garantizan la neutralidad del campo plástico, sirven como base para la imagen y buscan contextualizar una identidad conceptual.
Esta puerta de madera de un departamento -con su mirilla- condensan la posibilidad de que estén viendo ese hecho ¿Quién? ¿Quién mira?
Las puertas representan la transición, el paso de un estado a otro y el límite entre lo público y lo privado. El objeto cotidiano -que compartió la vida- reemplaza el soporte tradicional y lo acerca al marco de referencia de cada espectador.
La imagen representa a una figura en una posición encorvada sacada violentamente de un lugar por los pelos. Estampada sobre la puerta ¿podría representar lo que sucede en el interior o testimoniar lo que ya sucedió?
Los trazos son rápidos y crudos. Transmiten la sensación urgente de una emoción intensa donde el grito representado coincide con la cerradura rota doblando la “representación realista”. La imagen expone la experiencia de la vulneración en el espacio privado o público. Todos tenemos en nuestra memoria una «historia» y un estado emocional que guardamos. La metáfora está tallada en los objetos de todos los días. El dolor representado refuerza, con la serigrafía, la idea de que puede ser reproducido con la violencia sistemática.
