En nuestra mirada sobre toda la producción simbólica visual que llamamos arte, encuentro centenares de realizaciones con las que coincidimos o disentimos desde el punto de vista estético. Es lo primero que evaluamos al mirar esos objetos que aparecen en los libros, museos, fundaciones, galerías, en los talleres y aun en las calles. El otro aspecto, el del relato, el de la representación, lo aceptamos sin cuestionar cuando tiene potencia por lo que es, y en especial por el paratexto, que condiciona la lectura y el valor de la obra.
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